
Llegó el último día del año y me alegro de no haber sucumbido a la histeria innecesaria de encontrarme con toda la gente que no veo casi nunca, sólo porque el año se termina.
Ayer nos quedamos sin internet. Se murió Fibertel en casa y ahora, recién ahora, entiendo a toda la gente que puteaba a Fiber.
Llamo al servicio técnico y me dicen que no es un problema de mi casa, sino de la caja en donde está la conexión. Esta caja, les cuento, está dentro del edificio. El personal técnico idóneo de la empresa, debiera ingresar al edificio por la puerta de entrada (alguien, por ejemplo, algún ser humano llamado vecino le puede abrir), arregla el problema y cuando vuelvo de vacaciones voilá, tenemos internet nuevamente.
El señor (que sonaba a señor mayor pelotudo, por cierto) me dice que YA HAY UN SERVICIO TÉCNICO PEDIDO en el edificio para este lunes 4 de enero. Buenísimo, le digo. Y ahí me chusmea que evidentemente se rompió el fibertel de todos y por eso otro vecino ya pidió la reparación.
A ver... pensemos por un momento... ¿sería ilógico que el muchacho que arregla el de todos, de paso arregle mi cablecito?
NO.
Bueno, para el señor mayor pelotudo, SÍ.
-De ninguna manera le podemos arreglar el problema señora, porque usted no va a estar.
-Pero no tienen que entrar a mi casa, ¿o sí?
-No.
-Tienen que entrar al edificio, para arreglar el problema de mis vecinos y entonces van directo a la caja en donde confluyen los cables y me arreglan el mío también.
-No. La política de la empresa no es así.
Ok, señor mayor pelotudo. Métase la política de la empresa enrollada en el orto.
Y a vos, Fibertel, andate a la recalcada concha de tu madre.
De todos modos, ni enojada quedé. El hombre de la casa dijo que va a ocuparse. Y lo hará, con la eficiencia que lo caracteriza. Aprovecho la ocasión para comentarles que estoy bastante enamorada de él. Del hombre de la casa, digo. No del señor mayor pelotudo anteriormente mencionado.
Con lo que pasó me di cuenta de cuánto necesito internet. ¡Qué cagada estar fuera del circuito comunicativo!
Y además les relato que hoy me levanté, hice las cosas ricas que vamos a comer esta noche (me falta el postre, pero lo hago después de ir a la peluquería), voy a dormir una siestita para llegar a las doce entera (tengo un comportamiento muy infantil cuando me agarra el sueño) y luego, a esperar a los invitados.
Es la primera vez que me toca ser anfitriona de una despedida-bienvenida de año y es una emoción. Mañana hacemos las valijas y a la nochecita partimos hacia nuestras necesarias, ansiadas, geniales vacaciones...
Y este año se fue con muchas cosas encima. Y fue tremendo. Y a veces demasiado intenso. Y feliz. Y chau, 2009. Gracias por todo.
Que pase el que sigue...