martes 10 de noviembre de 2009

Noviembre


Todo comenzó el día uno. El primer día. El iniciático. El día en el que comienzan casi todas las cosas. El que se cuenta como acá empezó todo. No importa si justo fue jueves o que el número que decía el almanaque era el 23. Resulta que noviembre es de escorpio. Y ya todos sabemos lo que opino sobre los escorpianos...

Pero le vamos a agregar situaciones desequilibrantes a la escena: unos gatitos hermosos, dos, hermanitos: hermanito y hermanita. Los dos hechos un bollito del otro lado del vidrio de la veterinaria carísima y atiborrada de cotorras ilegales multicoloreadas: $ 350 + IVA, cada gatito, dijo el veterinario. Sí, ya sé. Ni vamos a entrar en el tema del IVA.

La oftalmóloga insiste en que estoy sufriendo mucho por algo que no me sucede: no tengo lágrimas. Ojo seco, me dijo. Pero una barbaridad de seco. Claro. El smog. La ciudad. El stress. Pero no vengo por eso, dotora. Es que cada vez estoy más miope. Mire lo que me cuestan las chiquitas que me hace descifrar en la pantalla. No importa. Ponete estas gotas todos los días.

Hoy los radiotaxis no llevaban a sus clientes a ninguna parte porque la ciudad era un caos a causa de la parálisis subterránea. Y el único taxista que se ofreció a llevarme al centro, me discutió hasta que me bajé, que la Av. Córdoba es mano para acá.



Y después de que me rechazara el banco porque no reúno ninguna de las características que debe tener un ser humano para abrir una cuenta corriente, casi casi un auto mata a una moto que tenía un hombre encima. Y la culpa fue del de la moto.


Y Él, para que yo no estalle en una crisis de dimensiones inabarcables, me compró un alfajor. Y de a poco, todo fue teniendo sentido otra vez...